Delirios de cantina nos hace creer que vemos escenas entre una borrachera de lectura y otra, pero en el fondo se trata de una larga noche que de tan intensa se parece a la propia existencia, ya sea la del “Rey de las cantinas”, del “poeta triste” o la de cada uno de nosotros hipócritas lectores. Es más que un barroco selvático o un beat amazónico, pues se trata de una lengua vulgar en contra de toda lengua imperial que no solo funda esa cantina a tamaño real que es Cuneccia Tropical, sino una poética que antes de entrar a ella nos advierte con una quebrada botella de tinta en la mano: “¡Acuchilla tus entrañas y aviva el fuego mental, carajo!”. (Héctor Hernández Montecinos)
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